Debemos darle más importancia al cuidado de los dientes, incluso en Navidad.

“Querido Reyes Magos: este año, como me he portado muy bien y he cumplido con las normas, os pido un cepillo eléctrico de dientes, un colutorio de farmacia, un dentífrico con flúor e incluso, si es posible, un irrigador para las encías que ahora están baratos y más accesibles…”

En realidad, no nos engañemos, la mayoría pediremos una colonia, unas deportivas y quizá, si el presupuesto alcanza, un viaje para cuando se levanten las restricciones de movilidad.

Lo primero sería lo recomendable, lo segundo es lo más probable.

Es la gran contradicción en estas fiestas navideñas de buenos propósitos. Decimos pedir cosas que necesitamos, no queremos ni lujos ni gastos superfluos, solo cosas que sean útiles, pero casi nunca invertimos en nosotros mismos y la mejor inversión siempre pasa por nuestra salud.

Y cuidar la boca es un buen comienzo. Porque en el cuidado de los dientes están muchas claves que explican el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Por ejemplo, si cuidamos la alimentación, además de estar perfectamente nutridos y alimentados y de obtener la dosis necesaria de todas esas sustancias imprescindibles para que nuestra maquinaria funcione engrasada, no atacamos de mala manera el esmalte de nuestras piezas dentales con azúcares innecesarios que forman parte de los menús copiosos de estas fiestas.

Ahora llega el momento de enfrentarse a una mesa repleta de roscón de Reyes, turrones, mazapanes y similares que supondrán un buen broche para las distintas celebraciones en este cambio de año. Pero, en este caso, lo que es bueno para el paladar no tiene por qué serlo para nuestra boca. Más bien al contrario. Beber agua y mantenerse hidratado, dejar el pitillo en el estanco son pautas a cumplir escrupulosamente para evitar sustos y dolores inesperados que afectan también a la cartera.

Como promesa a cumplir en 2021, además de correr alguna maratón y acabar alguna serie de televisión pendiente desde hace tiempo debería estar el ser disciplinado en la rutina de lavado dental. Con un cepillo adecuado en forma y dureza, que usemos al menos dos minutos en cada uno de los tres lavados diarios y complementado con hilo interdental, enjuague bucal y dieta equilibrada y sana donde lo dulce sea la excepción.

Y también una visita al odontólogo tal y como recomiendan nuestros especialistas de Branemark. ¿Quién no ha escuchado alguna vez el viejo refrán “a caballo regalado no le mires el diente”? Eran otros tiempos, otro siglo, pero hubo una época sin coches en la que los caballos eran el principal medio de transporte. Un caballo con la dentadura en buen estado era sinónimo de bien valioso.

Valga la metáfora para explicar la trascendencia de cuidar la boca de forma habitual y preventiva. De atacar las caries antes de que sean irreversibles, de estudiar la mordida y el alineamiento para evitar otras muchas complicaciones como bruxismo, dolores faciales…

En definitiva, si concluimos que la alimentación es la mejor medicina posible para nuestro organismo y los alimentos se ingieren y comienzan a procesarse en el masticado nada mejor que mantener en excelente estado nuestros dientes. Puede que suene muy excéntrico, pero ha llegado el momento de sustituir un juego de consola por una limpieza bucal.